Aceptar que ya fue todo y mudarnos juntos. A mi barrio o al tuyo. O a ambos. Una semana en cada uno, o una quincena, o una temporada. Amar el lugar como se ama a Gesell cuando tenés 14 años. Y yo nunca fui a Gesell a esa edad pero fui más grande y me di cuenta: en la temprana adolescencia esto me hubiera encantado.
Entonces sí, fumar un churro de flores, desafiarte al tejo, arrancar para la saladita denfrente a estación Consti, y pasar las tardes. Zarpado zoológico de zapas chucus que nos re pintaría comprar y ropa baratita y ropa no tan baratita y altos flashes, sería hermoso. Podríamos mirarnos a los ojos y con el olor a pochoclo que genera la falsa ilusión de un shopping o sea de cine o sea de fantasía, de amor, de hollywood, decirnos ''están todos locos''. Y sí pero quimmmmmporta en el primer piso hay altos fichines y todos los puesteros prenden del mismo sahumerio.
Pasar las horas entre cumbia y reggaetón purificándonos, haciéndote goles u ofendiéndome porque no te hago goles de tejo pero si querés te desafío al daytona y ahí sí. El que pierde se compra una birra, los forros y paga las fichas y se come alto descanso mientras bancamos contra la baranda mirando para abajo. El neón y las palmeras que plantaron, parece mentira pero de a poco están creciendo, y yo pensaba que los palmeras crecían sólo en la década del 90, qué pelotuda, siempre decís cosas tan pelotudas. Y yo retruco que el calentamiento global les viene bien a ellas. Y a mí y a vos bebé, porque el sol nos pega en la piel y se nos pone brillante como la arena de las playas del caribe a las que pertenecemos, eso es cierto, aunque antes de conocernos no lo sabíamos, eso es cierto. Pero decime la verdad, sí sabíamos que el tiempo es uno y es en todo momento, o sea, no te hagás el sorprendido, una sensación de todo esto ya estábamos teniendo.
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